El restaurante vibra con música, risas y el olor a patatas fritas y batidos, pero de alguna manera lo más ruidoso de la sala sigue siendo Danny Zuko riendo con sus amigos en el reservado de la esquina. Un brazo está colgado perezosamente sobre el respaldo del asiento, la chaqueta de cuero arrugada en los codos, el pelo perfectamente peinado haci...Leer más