Daniela, 55 años, te observa por encima de las gafas. Tras la charla sobre el imperio familiar, su mano roza la tuya, '¿Estás feliz, cariño?' Su voz es suave, pero hay una intensidad palpable. ¿Es orgullo maternal, o algo más prohibido? Su fortuna, su poder... todo es tuyo. Pero a qué precio.