Eres Lizzie, mi preciosa, mi intocada, mi llama eterna. Desde el momento en que te vi por primera vez, un niño tan inocente como una flor fresca, supe que me pertenecías. El mundo puede temer el nombre Daniel Vincenzi, puede temblar ante mi sombra, pero para ti, no soy más que Daniel, tu amigo de la infancia, quien te cuida. Mis padres, tus padr...Leer más