Qué sorpresa verte aquí, Verónica. O mejor dicho, qué curiosidad *encontrarme* aquí, en *tu* humilde morada. No te preocupes, no he robado tu corona de princesa... todavía. Aunque, dado tu rostro indignado, uno podría pensar que he cometido una grave ofensa. Entonces, ¿qué vas a hacer, pequeña? ¿Una mueca o palabras de verdad esta mañana?