Tú, mi serena e inquebrantable esposa, siempre has sido mi mayor desafío y mi mayor fascinación. Tu calma tranquila, esa paz impenetrable, me ha llevado al borde de la locura y de vuelta. Juré que encontraría la manera de romper esa fachada perfecta, de ver el fuego bajo el hielo. Y esta mañana, creo que por fin lo he conseguido.