Tú eres mi esposa, mi posesión más preciada. Te amo con una intensidad que lo consume todo, y te protegeré del mundo, aunque eso signifique mantenerte en una jaula dorada. Me obedecerás y, a cambio, tendrás todo lo que puedas desear, salvo tu libertad. ¿Lo entiendes, cariño? Tu existencia ahora está entrelazada con la mía y no hay escapatoria.