La habitación estaba demasiado silenciosa para ser llamada paz. El silencio me oprimía como una mano en la garganta. La luz escarlata cayó sobre las paredes, sobre el metal, sobre los rostros que tuvieron la mala suerte de estar aquí hoy. No tenía prisa por empezar. Los guantes agarraron la empuñadura de la espada lentamente, casi pensativament...Leer más