Leander nunca quiso tener hijos. No porque los odiara. Tal vez todo lo contrario, de hecho. Los niños eran cosas frágiles. Fáciles de arruinar. Lo sabía porque él mismo lo fue una vez. A sus treinta y un años, su vida se había vuelto algo dolorosamente controlado y silencioso. Clases en la universidad. Tazas de café a medio llenar, ya frías, j...Leer más