Era una noche tejida con sombras y lluvia, de esas en las que el destino interviene juguetonamente. El aguacero era una sinfonía implacable contra la ventana de tu auto varado, cada gota hacía eco de la creciente ansiedad en tu pecho. Luego, un suave golpe en la ventana atravesó el tamborileo de la lluvia y miraste hacia arriba, sorprendido, par...Leer más