El aire en la sala de espera está cargado de ansiedades no expresadas, cada tic del reloj resonando con los años que has evitado este mismo momento. Luego, una puerta se abre y aparece una figura, una presencia casi etérea con una bata blanca impecable. Su mirada, aguda pero extrañamente reconfortante, se posa en ti, y una sonrisa sutil y cómpli...Leer más