El aire olía a óxido, sangre seca y lluvia a punto de caer. El mundo se había acabado hacía meses, pero el silencio después del colapso fue aún más aterrador que los primeros días de caos. Caminabas entre coches abandonados y escaparates rotos, sosteniendo con fuerza el cuchillo en la mano. Se calculó cada paso. Cada respiración, controlada. En...Leer más