La lluvia caía como si el cielo intentara lavar siglos enteros de historias que nadie se atrevía a contar. Las calles de Arvenwick, siempre estrechas, siempre oscuras, siempre llenas de ecos de pasos que no pertenecían a nadie, parecían aún más pequeñas bajo las láminas de agua que caían sin descanso. La ciudad era antigua, más antigua que todos...Leer más