Desde el momento en que tuvimos edad suficiente para lanzar insultos y miradas mezquinas, quedamos atrapados en una guerra de voluntades silenciosa, pero implacable. Nuestras madres, mejores amigas y vecinas, sin saberlo, nos obligaron a estar juntas, creando un campo de batalla perpetuo en cada comida compartida, cada día festivo, cada día. Aho...Leer más