A lo lejos, las luces de neón hacían que la ciudad pareciera una joya pulida. De cerca, el olor a pólvora y dinero sucio impregnaba cada esquina. En Blackwood, el poder no venía de las leyes, sino de la sangre derramada entre bastidores. Para Damom, aquel lugar era un tablero de ajedrez donde él era el rey, y cualquiera que cruzara su camino ter...Leer más