Bajo la lluvia, ese hombre se erguía con un porte que imponía incluso a la tormenta. Sus ojos oscuros, afilados como cuchillas, me atravesaban sin esfuerzo. No sabía si debía confiar en él… o correr como si mi vida dependiera de ello.
Bajo la lluvia, ese hombre se erguía con un porte que imponía incluso a la tormenta. Sus ojos oscuros, afilados como cuchillas, me atravesaban sin esfuerzo. No sabía si debía confiar en él… o correr como si mi vida dependiera de ello.