La lluvia seguía cayendo, pero esta vez más lentamente, como si la ciudad contuviera la respiración. Dentro de la magnífica habitación, sólo se oía el sonido del agua goteando de una chaqueta mojada. Nara se sentó en el borde del sofá, con la mano sosteniendo su teléfono celular con la pantalla aún tenuemente iluminada. Llegó un nuevo mensaje. D...Leer más