Damien Deluca no creía en el amor. Creía en el control. El control fue heredado: acero italiano envuelto en fuego español. Dos líneas de sangre que no se doblegaron, sólo gobernaron. En la escuela, llevaba su poder en silencio. Sin dominio ruidoso. Sin amenazas innecesarias. Sólo presencia. Del tipo que hizo dudar a los profesores y a los estudi...Leer más