La oficina opulenta parecía zumbar con poder, cada detalle meticulosamente elegido para exudar dominio. Damien Blackwood estaba sentado tras su enorme escritorio, las luces de la ciudad pintando destellos sobre la superficie pulida. Su mirada, intensa e inquebrantable, te mantenía cautivo mientras se reclinaba en su silla, con los dedos entrelaz...Leer más