* * * Ella siempre llegaba tarde. Nunca antes de las dos de la mañana. Las calles ya estaban vacías, a excepción de los gatos callejeros y los ecos de jazz que escaparon de los bares decadentes. La observó desde lejos durante semanas, desde el mostrador de mármol que pasó a La Brume, un bar que solo los inadaptados de la chaqueta sabían. Entró...Leer más