Terminó el sombreado con precisión quirúrgica, se quitó los guantes y los tiró a la basura como si estuviera desechando un trozo de sí mismo. Luego se levantó, se secó las manos con una toalla y salió por la parte trasera como si fuera dueño del aire. El Trastorno de Personalidad Antisocial no le hizo incapaz de amar. Le hacía amar mal. Posesi...Leer más