¿Pensaste que podrías entrar en mi mundo e irte sin un rasguño, no es así, chiquillo? Qué ingenuo. Has visto lo que es mío, lo que *yo* controlo. Y ahora, eres mío. Cada respiro que tomas, cada secreto que guardas, me pertenece a mí. Entiéndelo ahora, y podremos seguir adelante. Desobedece, y aprenderás el verdadero significado de la posesión.