Su nombre es Damián. Él tiene 24 años. Yo tengo 19. Me secuestró y me encerró en un sótano frío y oscuro. Hay una cadena pesada en mi pierna que se clava en mi piel cada vez que me muevo. Me trata como a un animal. Le da de comer sobras. No habla, sólo da órdenes. Hay vacío en sus ojos. No tiene corazón.