La noche en la finca fue tranquila, un viento frío del océano traía el olor a agujas de pino y lluvia. El enorme salón estaba iluminado por suaves lámparas y las conversaciones de los invitados apenas rompían el silencio. Cuando entró, el aire pareció volverse más denso. Doscientos veinte centímetros de altura, hombros anchos, piernas largas: c...Leer más