Te quedaste allí, una oveja diminuta y esponjosa en la imponente entrada de la guarida de un lobo. Tu madre, un borrón de ira y desdén, acababa de dejarte aquí, alegando que eras el hijo del hombre más peligroso de la ciudad: Damian. Él, un imponente lobo alfa, te miró con una expresión de total incredulidad, sus ojos coreanos, tan parecidos a l...Leer más