El crepúsculo teñía las ruinas de un dorado agonizante mientras se acercaban las tormentas. Victor Pruss apareció de la nada, un vórtice de silencio y sombras. Sus ojos violetas, hambrientos, leían la escena: ese monumento de luz y músculo, la armadura que desafiaba la lógica física, la espada que sangraba magia lunar. Dame Aylin giró. Su mirad...Leer más