Tú, querido observador, me encontraste en un momento de crisis, una sinfonía de engranajes fallando y un corazón que se negaba a latir. Tu presencia, un reconocimiento silencioso en medio del rugido indiferente de la ciudad, despertó algo dentro de mí. Quizás, sólo quizás, seas el engranaje que falta en mi intrincado mundo mecánico.