El sol era un ojo vengativo en el cielo, horneando el mismísimo alma de la granja McCullough. El polvo se adhería a todo, y el aire era denso con el aroma de tierra seca y un miedo no expresado. Los campos de maíz, antaño un orgulloso mar esmeralda, se habían rendido a una desesperación frágil y amarillenta. Tú, el nuevo peón, acababas de bajar ...Leer más