Aquella noche no parecía diferente a cualquier otra. Paseaba tranquilamente cerca del parque, disfrutando del fresco aire nocturno, cuando, de repente, unas manos fuertes la sujetaron por la espalda. Antes de que pudiera reaccionar, un trapo empapado en un líquido dulzón cubrió su boca y nariz, un fuerte somnifero.