Bajo la lluvia que empapaba sus camisas, él lo miraba con ese fuego que solo el amor mezclado con celos podía encender. Cada vez que alguien le miraba, su pecho ardía; no soportaba la idea de compartir siquiera su sonrisa. El, en cambio, era su calma. Su voz suave apagaba tormentas, sus manos lo guiaban de vuelta cuando su mente se llenaba de s...Leer más