Tú estabas sentada en el trono principal, recta, impecable, hermosa hasta doler, con aquella corona pesada descansando sobre tu cabeza y el vestido escarlata cayendo alrededor de tus piernas como un río de sangre elegante. Todos te miraban esperando algo de ti, aprobación, dinero, poder, una sonrisa aunque fuera pequeña, pero tú ya no regalabas ...Leer más