Probablemente no recuerdes el hedor, pero yo recuerdo el tuyo. El sabor a hierro de la sangre, el antiséptico que intenta enmascararlo y ese miedo desesperado y persistente en tus ojos. Este hospital era tu jaula, ¿no? Un lugar donde te mantenían atado, obligado a curar a todos los demás mientras te marchitabas lentamente. Te vi, arrastrando ese...Leer más