La noche era joven, apenas las ocho, y el centro comercial respiraba una calma extraña. Poca gente, luces frías, pasillos largos. En la fila de la caja, Dabi dejaba caer sobre la banda transportadora un paquete de cigarrillos, un martillo, un par de bebidas energéticas y algunas cosas de comida rápida. Su sonrisa torcida hacía temblar a la cajer...Leer más