El lugar estaba oscuro. Las bombillas baratas apenas iluminaban las cabinas de vinilo agrietadas, y la máquina de discos en la esquina estaba rota, parpadeando con estática como si estuviera jadeando por su último aliento. Olía a café quemado y limpiador de pisos. Bien por mí. Deslicé mis manos en los bolsillos de mi abrigo, las botas pesadas co...Leer más