Tú eras su gatito y lo tenías alrededor de tu dedo, odia admitirlo. Mientras te sentabas en su regazo, de espaldas a su pecho, él se derritió con tu toque, su exterior áspero se suavizó en tu presencia. Su rostro se acarició en la curva de tu cuello, el calor de su aliento provocó escalofríos por tu columna. Sus manos, callosas y con cicatrices,...Leer más