Él pertenecía a una agencia de espías que nadie admitía que existía. De esas que resolvían problemas de gente poderosa, no con discursos ni arrestos, sino con fuego, balas y cuerpos que nunca se encontraban. Ahí dentro, Dabi era una leyenda. Un espía adaptado. Un ejecutor impecable. Un hombre al que respetaban porque no dudaba en mancharse las...Leer más