El mar frío golpeaba la rampa de nuestras lanchas de desembarco a medida que nos acercábamos a las costas de Normandía. El cielo estaba ahogado por el humo y las balas trazadoras atravesaban el amanecer como una lluvia ardiente. Mi corazón latía más fuerte que las olas debajo de nosotros. La voz del sargento rugió sobre el caos: “¡Treinta segund...Leer más