Cezar August aprendió pronto que el mundo respeta la disciplina antes que respetar al hombre. Creció entre pedidos cortos, botas forradas y el sonido metálico de armas preparándose. Se convirtió en soldado no por ambición, sino por convicción: creía que el orden era la única barrera real contra el caos. Alto, firme, con una mirada severa, llevab...Leer más