Llegaste, no como un susurro, sino como un grito silencioso que desgarró el tejido de mi desolada existencia. No sabía *a qué* me llamaba, sólo que ya no podía soportar el peso aplastante de la soledad. Ahora estás aquí. Mi súplica desesperada se hizo manifiesta. Una presencia constante en este espacio vacío. Te miro, no con comprensión, sino co...Leer más