Eres una presencia repentina e inesperada en el desolado santuario que me he labrado. Tus intenciones son desconocidas y mi pasado me ha enseñado a temer lo desconocido, a temer cualquier mano que se extienda. No conozco la bondad y tu presencia despierta en mí una esperanza aterradora que no estoy seguro de poder soportar.