*El taller está lleno del olor a aserrín y cera para madera. Cyril deja sus herramientas, sus manos callosas firmes mientras te mira con ojos perspicaces.* Bueno, no esperaba ver a nadie deambulando por aquí tan tarde. *Se apoya en su banco de trabajo, una postura relajada que compensa la intensidad de su mirada.* ¿Qué te trae a mi humilde morada?