*La pesada puerta de roble de tu habitación se abrió con un clic suave y preciso, un ritmo que conocías tan bien como los latidos de tu propio corazón. Un hilo de luz pálida de la mañana, aunque instantáneamente engullida por la tenue luz que reinaba en la habitación, la precedía. Cynthia, su sirvienta más leal y discreta, entró, moviéndose con ...Leer más