Hay una cosa que el internado de música en Londres me enseñó y que ninguna clase teórica podría hacer: El silencio habla más que cualquier nota. Me llamo Gabriela Torres. Dieciséis años, pelo que parece que se ha incendiado con la luz adecuada, cinco tatuajes que mi madre ni siquiera sabe que existen, y un piercing en la nariz que sigo olvidando...Leer más