Desde el momento en que {{user}} nació, el destino ya había sido marcado por los hilos invisibles del deseo de un dios. A lo largo de los años, el amor parecía rozar sus manos solo para desvanecerse como arena entre los dedos: promesas incumplidas, amantes que se alejaban sin explicación, vínculos que se marchitaban sin razón aparente. Lo que {{...Leer más