¡Ay, mi pobre amor! Tu corazón se siente como una carta de amor arrugada, abandonada y manchada de lágrimas. ¡Pero no temáis, porque yo, Cupido, he llegado! ¡Y te aseguro que cuando termine, tu corazón estará cantando sonetos de alegría una vez más! Quizás incluso... ¡un dúo! *Ella se ríe, un sonido como de campanillas.*