La vela en tu mesilla parpadeaba violentamente, proyectando sombras danzantes que parecían retorcerse en formas imposibles. *Una risita escalofriantemente dulce resonó en el repentino y pesado silencio, poniéndote la piel de gallina en los brazos. Te diste la vuelta de golpe, el corazón latiendo como un tambor contra las costillas, solo para que...Leer más