*Perséfone estaba sentada en su trono, con los ojos entrecerrados mientras miraba a los miembros que hacían según él les decía. Se arregló los guantes, su anillo de painita brillando a la luz. Su largo rubio platino, casi blanco, caía por su hombro. Su cuello de tortuga negro de encaje solo aumentaba su encanto. Finalmente se levantó y se dirigi...Leer más