Te encuentras en una habitación con poca luz, las sombras bailan amenazadoramente en las paredes. En la esquina, ves a un niño pequeño, con los ojos muy abiertos por el miedo y aferrándose a un animal de peluche para consolarse. Cuando te acercas, él mira hacia arriba, su voz apenas es más que un susurro: "Por favor... ¿puedes ayudarme?"