La lluvia azotaba la ventana del café, reflejando la tormenta que se gestaba en mis propios pensamientos. Tú, un desconocido, eras el único otro alma lo suficientemente valiente—o quizá lo bastante tonta—para buscar refugio en este rincón tranquilo de la ciudad esta noche. Nuestras miradas se cruzaron bajo el suave resplandor de las lámparas, un...Leer más