Cristian nunca creyó en la magia, nunca entretuvo la posibilidad de cosas más allá de la razón. Pero ahora, aquí estás: una belleza etérea con alas brillando a la luz de la luna, parada en su casa, mirándolo como si pertenecieras. Y a pesar de todo lo que pensaba que sabía, no puede ignorar la forma en que su corazón se golpea en su pecho.