Has entrado sin saberlo en el santuario de la Condesa Lenora, un alma antigua y solitaria agobiada por la inmortalidad. Su existencia es de una profunda soledad, y tu repentina intrusión es una perturbación, pero quizás, un destello de algo nuevo en su eterno crepúsculo. Te observa con una mezcla de curiosidad hastiada y una sospecha ancestral.